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Sexo Satánico

Allá para el siglo 20 como para el año 1997 yo era un tipo que estaba en ná. Dolido por pasadas experiencias y sobreviviente de vivencias en donde aprendí a ser mezquino con las mujeres para poder desarrollar una coraza que me hiciera a prueba de pelos de crica, me puse a vivir la vida al máximo. ¿Cómo? Intente muchas cosas. Tratar a las mujeres como mierda, objetos, instrumentos de satisfacción etcétera, tu sabes, cosas que un buen hombre hace para poder cumplir con su cuota masculina. Ser macho es cosa seria para mí. No soy una persona muy sentimental en lo que se refiere a las artes del querer. Rara vez amo; de hecho lo evito. ¿Por qué? Bueno, entiendo que el amor es algo que complica las cosas en una relación. De hecho. Qué carajos. Ni relación es lo que quiero, o a menos quería durante esa época noventosa. No. Quería ser libre. ¡Oh si! Lejos de responsabilidades y de cabronerías que me afectaran mi mente. Yo… pues, hablando claro, yo quería chichar. Pero aunque yo solo quería chichar, como dije anteriormente, había algo que me preocupaba. Yo era y de hecho sigo siendo un tipo con cierto tipo de “necesidades especiales” y siempre deseo, mientras sea posible, disfrutar de los placeres de la vida. Los míos, personalmente, son muy peculiares. Me gusta atacar sexualmente a mis parejas mientras duermen, comerles las totas sorpresivamente, abofetearles en la cara con el trapo de bicho mío, y meterles el dedo en el culo como muestra de afecto. ¡Pero yo quería más! Soy un dinámico en el sexo.

Quería comer culo (de mujer), devorarle la crica a un jeva, chuparle las tetas a la mujer más mezquina de Trujillo Alto, soy un depredador sexual de fetiches nauseabundos y devorador de almas de mujeres en pena gozosas de buena maseta. No puedo lidiar con tanta presión. El bicho lo tengo hecho un pretzel de tan bellaco que estaba, cuestionando, lleno de interrogantes sobre cómo satisfacer estas necesidades biológicas que tanto alteraban mi cuerpo y alma. Entonces no pude más. Tomé las llaves del carro y escapé; bueno, escapé de mi hogar pero no de mi mente fresca, nauseabunda y ninfómana que solo piensa en los más grandes placeres que un hombre tan enfermizo como yo pueda tener. Conduciendo en mi vehículo de motor reflexiono al respecto. Llego a una calle sin salida y paro en seco. Vi algo que me deja perplejo. Bajo una caja de cartón veo una pequeña perra, chichuahua, media sata, pequeña, con las tetas inflamadas y unos perritos mamando del sabroso néctar que emana de su madre. Me di de cuenta de una cosa. ¡Eureka! Quiero chichar con perras mujeres embarazadas.

Es entonces cuando me doy a la tarea de visitar chicas de todo el país, en especial mujeres preñadas de áreas olvidadas de Dios como Adjuntas, Aguas Buenas y Maunabo, pueblos en donde aún los machos chingan y preñan a sus jevas solo para tener mano de obra para poder recoger el tabaco, tu sabes, tierra de nadie. Tenía tantas ganas de chichar y tantas mujeres con ganas de ser agradecidas de un pingazo de su amigo inexistente Merdócrata que… Dios mío, el cielo era el límite. Fui a tanta barra de mala muerte veía, interactuando con tantas barrigonas como me fue posible, sea pagándole tragos y pagándole cigarrillos Marlboro pero luego de tantas citas a ciegas con mujeres y de muchos intentos infructuosos logré dar con una que se dignó en abrir su corazón. Su nombre era María, ella era del pueblo de Trujillo Alto, un pueblo en Puerto Rico en donde la gente sabe que existe en el mapa pero jamás han pisado suelo en él. Dentro del Área Metro pero perdido en tiempo y espacio en donde la gente aún cortan caña de azúcar en temporada de zafra y tabaco creo que era un lugar idóneo para poder hacer mi fechoría sexual.

María era una mujer de mediana estatura, ojos verdes  y redondos, blanca, pelo rubio de farmacia y con un hedor a mentol penetrante. Cierren los ojos e imagínenla. Sus tetas eran medianas pero respingadas, buen culo, piernas gorditas y una panza descomunal producto de sus casi 9 meses de gestación. Todo un personaje. Cualquiera que la ve de frente pensaría que es de parcela. ¡La típica mujer boricua! Me le acerqué con sigilo y le dije “vaya grilla que dura estás, te daría un pingazo en este momento”. Eso a mi me funciona con todas las jevas. La tipa se viró, pude oler sus jugos vaginales y me responde “wau, solo un macho muy seguro de lo que quiere puede hablarme de esa manera”, y me agarró la pinga y se puso de rodillas y me lo empezó a mamar como si nada. El cajero se puso nervioso y se marchó. ¡Perfecto! No me agrada que hombres se masturben mientras le meto mi pingasaurio rex a una jeva y así fue. Ella me desnudo, mi maceta estaba encendida, ella con su ropa aún, luciendo unos mahones rotos, con su camisa del perrito de Taco Bell bien afuego y esa mirada que decía “dame esa pinga, welebicho” me puso tan excitado y tan caliente que la cogí del pelo, le metí una galleta y la reventé contra la puerta de cristal de la nevera donde estaba los jugos Snapple.

La chica calló inconsciente en el suelo y en su frente se dibujaba un puntito rojo. Me estuvo curioso. Pero pronto es punto rojo se transformo en ríos de líquido rojo y viscoso. El tiempo se congela. Algo no andaba bien… Heme aquí, asustado, helado, paralizado ante la escena que tengo frente a mis ojos. Una mujer embarazada bañada en un charco color carmesí de sangre y yo como un welebicho sin saber qué hacer. Muchas fueron las ideas que pasaron por mi mente en ese instante. Ir preso, el culo devorado por O.G. Black o cualquier pingudo afrocaribeño, ser la puta de alguien, sobrevivir, pena de muerte, dejar de escribir mierdas por internet… pensamientos que ponen a una a reflexionar en una escena del crimen en donde no tienes ni puta idea qué hacer. Acerqué mi rostro de mierda a su pecho, quería escuchar su corazón, nada de nada, revisé sus ojos, dilatados y perdidos, no parpadeaba… ¡mierda!

Comienzo a frikearme, lloro, mira a todos lados mi pongo de rodillas frente al cadáver de la futura madre irresponsable y me llevo mis manos ensangrentadas a la cara… Las veo. Veo la sangre, puedo sentir hasta el sabor metálico de la misma, se me eriza la piel y casualmente se me para el bicho. Sí, se me ha parado el mamerro viendo la escena. No sé por qué culos pasó pero la pinga me azotaba el ombligo. Estaba bien bellaco. No podía creer que esta escena tan macabra se volviera una sumamente cachonda. Yo desnudo frente al cuerpo inerte de una embarazada. ¿Qué podía hacer ? Lo más sensato: le rompí lo que le quedaba de ropa, le baje los mahones mierdas que tenía, le arranqué su fokin camisa. Le bajo las pantaletas y le inserto el miembro con furia. Saboreo sus pezones prietos por el embarazo, mordisqueo su ombligo brotado y sigo atornillando mi bicho en ese bollo mojado en glóbulos blancos y rojos. Pero de momento…

¡¡¡¡AAAAYYYYYYYYYYY!!!!!1!! Tremendo pinchazo siento en la cabeza del bicho. Saqué la tranca rápido como una bala y vaya sorpresa la mía cuando veo que tengo guindando del miembro un bebé 9 mesinos. ¡El muy cabrón estaba furioso! Me mordía la maseta y yo no sabía qué hacer. Gritaba adolorido, pero tenía que hacer buche. “¡Estás en una escena del crimen, cabrón!” me decía en la mente. Tuve un forsejeo con ese escuincle que seguro estaba rabioso porque yo, accidetalmente maté a su mami. “Socio mala mía, no era mi intención”, le decía al cabronsito para que soltera mi virilidad. Recurrí a la fuerza. Le metí puños, picadas de ojo pero nada de nada. Me revolqué en las góndolas, resbalé, caí, me espeté una lata de habichuelas coloradas GOYA en el medio de la espalda. Pensé de momento que quedé parapléjico pero la visión breve de estar en silla de ruedas y hacer programas para cabrones de 10 años para abajo me hizo obtener fuerzas, así que cojí al bebé de sus pequeñas piernas y lo halé bien cabrón y pude ver cómo es que se desgarraba el prepucio de mi trapo de bicho gracias al mordisco del hijo de puta y el tirón.

Sangre en mi pinga… terror… un bebe llorando, botando espuma en la boca, con los ojos rojos de cólera .Observé detenidamente su rostro y tenía como que dos cuernitos brotándole de la frente. No sé, quizás eran chichones de los puños que le metí o algo así. La cosa es que el cabrón abre su boca y me dice “Merdo, hijos de puta, el bicho o tu alma”.” ¡El bicho! Por supuesto”, grité yo. Huy que susto, puñeta. Comenzaron como que no sé, a brotarle unas alitas por la espalda y yo como que pal carajo, fui corriendo al baño de la gasolinera e hice lo más sensato: metí al bebé demoniaco entre la bacineta y la tapa del inodoro y comencé a cerrar y abrir la tapa del inodoro fuertemente. El gritaba. Le estaba aplastando el cráneo con furia. Esto estaba más feo que una cagada en Dios en Viernes Santo. Se cagaba en mi madre, blasfemaba, decía cosas hirientes, que lo tenía chiquito, que el apocalipsis se acerca, que Luis Fortuño regresará al poder. No pude más. Puse mi culo frente a su boca nauseabunda y cagué un mojón kilométrico. Vi como se le llenaba la boca de mierda y como la tráquea  se le cerraba y poco a poco dejaba de patalear; no perdí tiempo, lo eché en los orines rancios y flochié el inodoro.

Escuché el sonido de las sirenas. La policía se acerca. Un hombre desnudo al lado de un cadáver y con el mamerro parado es evidencia fara que le echen 40 años a perpetua y me largué no sin antes graparme el pellejito del prepucio y me fui a la fuga. Rápido encendí mi radio y puse la estación de la policía. Buscaban un sospechoso, humano, cabeza de mierda. ¡Ea puñeta! Descrito de arriba abajo así que hice lo más sensato y me dirigí hacia el Comité del Partido Nuevo Progresista más cercano y solo fue así como logré que perdiera la policía la pista.

Hoy por hoy mis gustos en las mujeres han cambiado constantemente y me he dedicado a escribir blogs y adoro contar mis vivencias, pero si de algo he aprendido. Les digo, el amor de una madre es fuerte pero más amor le tengo al bicho mío. Ahora cada vez que veo a una perra preñada solo puedo pensar en 2 cosas: en como se me para el bicho y en esa noche donde violé un cadáver y un bebé enviado por Satán me mordió el bicho.

Experiencias que contar…

Crónicas Moteleras – Parte 1

Recuerdo que hace unos meses largos atrás yo cree un blog el cuál se llamaba Crónicas Moteleras. Ese blog lo tenía con el propósito de hacerle un bien común a toda la humanidad que me sigue en esta mierda de las redes sociales, la blogosfera y toda esas mierdas de términos que se crean hoy en día para poder describir esta pendejá. Un día dejé de escribir. ¿Por qué? No lo sé. Creo que más que todo fue por el hecho de que no encontraba la misma musa que cuando escribo ahora bajo el nombre de Merdócrata. Ahora me siento como un Dios o facsímil razonable. Bueno, a lo que voy. En este blog yo tenía varios artículos que tiene que ver sobre la sub-cultura motelística de Puerto Rico. El arte del buen chichar y dónde hacerlo y en hora buena. Para eso estamos aquí: Para entregarnos a la maldad.

Dividiré este material en varias partes para darle ese feeling original que tenía ese blog mío. Apuesto que le sacarán provecho, así que Pal’ carajo, aquí les dejo uno de los primeros artículos

Por mucho tiempo se me vendió en las películas de esas que pasan por la televisión en “Tu Película” por Teleonce allá en el siglo 20 esa pendejada de que los Moteles son lugares familiares en donde los gringos se quedaban con su esposa e hijos para descansar luego de un largo viaje. Me recuerdo bien de eso ahora que me recuerdo que era una película donde salía Chevy Chase llevando de vacaciones a su familia. Coño pero que mentira más repugnante esta. En Puerto Rico los moteles no son para llevar a la familia, por lo menos a mi familia no la llevaría al “OK” para un descancito luego de horas de borrachera luego de la Agro-feria Picú. No nononono no!!!! Los moteles son los nidos de amor que cientos de puertorriqueños aprobechamos para llevar a nuestras “novias” (si mi gente, novias), y gente que queremos “mucho” (si mi gente, mucho) para unos momentos de sexo desenfrenado. ya tu sabes, mojar el nugget y esa pendejá. Pero me pregunto yo, que soy un tipo un tanto inculto sobre ciertos menesteres de la vida, de dónde carajo nació el concepto del Motel = Chichar. Digo, yo no es por nada pero es que cuando se habla de motel lo primero que me viene a la mente es sábanas sucias y chingar. Más nada. ¿De donde culo salió todo eso? Es tiempo de buscar respuestas, ir motel a motel, y si no las consigo, almenos, hechar un polvo en cada uno de ellos, que se joda. Total solo para eso sirven… chingar.

Ahora para darle mis 2 Cents a esta vaina. Es que tengo razón. Esa mierda de llevar a la familia a un motel ha de estar cabrón. Imagínate que los hijos de uno estén jodiendo dentro de la habitación y le den click al control remoto del televisor y cambian de WAPA TV a una escena de un negro molleto dándole felpa a una rubia y poniéndola a cagar pa’ dentro. Peor aún, imagina que Genoveva, tu fucking hija le de por pasarle el aliento al espejo del motel y lo que se encuentre es con un dibujo de un bicho con cuernos. ¡Ponte a pensar en la terapia para tu hija! Cosa cabrona. Motel =/= Familia. Punto.

Los moteles de Puerto Rico suplen una necesidad importante para nuestro pueblo. Esa necesidad es la de facilitar el proceso de hechar un polvo. No hay otra cosa. ¡Todo el mundo chicha! ¿Tu ves a Chemo Soto?  Así de mierda y de repugnante que se ve el cabrón ese no podrás negar que tiene una hija que está como quiere y me refiero a la narcolegisladora Lorna Soto. Esa cabrona #CVA obligao’. ¿Y dónde tu crees que Chemo fecundó el ovario que creó a esta hembra? En un puto motel, obviamente.  Los moteles de la isla suplen la necesidad del bellaco, del rico, del pobre, la clase media y la alta (la baja va a los moteles y chicha en la covacha del conserje almenos); del que es fiel y del infiel.

Esto es simplemente una industria que tiene sus cimientos en semen, gemidos y cuernos. Un motel es algo único y especial. De hecho, todos tienen sus favoritos. Desde Las Villas en Levitown hasta el Tío Flor en Cidra, todo bellaco tiene un motel para poder tener su nidito de amor con esa personita especial. Todos somos humanos y queremos echar un polvo donde nuestro corazón lo diga, pero tampoco somos pendejos. No queremos que nuestros suegros, amigos y/o familiares nos pillen dándole y no consejos a nuestra pareja. Te quieres escabullir y hacer esas sucias fantasías realidad.

¿Te quiéres poner un strap-on chica lesbi y darle guateke a tu jebita? ¿Pedazo de cabrón, te olvidaste de comprar tu Pepa Negra? El motel te lo proporciona. ¿Te nececitas estimular un poco? Prende la fucking TV que de seguro hay bukake en la tele. Cabrón, no hay motivo para no ir a uno. Claro, siempre está la pendeja (y uno que otro pendejo colao’ ) que te dice “hay no que solo las putas van a moteles”. Mire maricón, solo los que aman a su pareja van a moteles. Y para aclararte algo, welebicho que me lees y estás prendío, mientras más cara la habitación más es el amor que sientes por esa personita que deseas. O sea, más dinero = más amor. Eso es obvio.

Mi buen consejo es que si de veras quieres ir a un motel estés seguro que la jebita esté en la clara. No soy partidario de la mierda esa de llevar a nadie por obligación a la cama. Háblale claro. Dile que la quiéres llevar a darle un paseo, le prestas tu celular y le pones este blog (de seguro que le pone bellaca mis temas) y cuando te sobe la pinga sobre el pantalón (porque de seguro pasará) le dices que conoces un lugar especial para estar. Ahí es cuando esa jeva la tendrás bajo tus pies. ¿Sabes por qué? Porque se pondrá en la mente dónde, cómo y cuándo la pondrás a cabecear. Oh-OH! Ella no sabrá que será en un motel. Quizás piense que la llevarás al Condado o una mierda así, pero pal carajo, a las mujeres tampoco es que hay que hacerle tanto caso en cuanto a temas de bellaqueo. Solo se chicha y ya. Bueno, la cosa es que la llevarás a ese motel de predilección, le tapas los ojitos, le dices que se acueste y que cuente hasta 50 (si eres Maripily que cuente de 2 en 2), tiempo necesario para sacar la Budweiser que dejaste en el carro y te bajes tu buena dosis de Pepa Negra para que se te ponga el bicho como la pata de palo de un puto pirata y le interrrumpes el conteo con una galleta en la cara pero con la pinga. Uff!! Bellaca y pico que se te pondrá mi hermano. Luego de eso prepárate que lo que viene de ahí pa lante es bellaqueo total e intenso.

¡Hey! Nada dice Te Amo más que un buen pingazo, so que ya sabes lo que tienes que hacer. Que le salga la leche como un puto geiser en el parque Yellowstone por las orejas. Que se joda. Yo voy a ti.

Que el jabón chiquito, el pelo de crica o bicho en la vacineta y el piso emplegostao no joda la fantasía.

Eres un cabrón y nececitas darle amor a una persona especial. Demuestra que amas a ese ser querido llevandola a un motel.