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Coprolectura: el arte de leer mierda

Soy un bellaco y que se joda. Lo admito y me importa un bicho lo que piense la sociedad de mí. Soy un tipo que goza de los placeres carnales de la vida y me gusta exponer estos placeres por las redes sociales y compartirlas con todo el mundo que me lee. ¿Por qué? Porque creo que yo soy aquel que el pueblo necesita para que por fin puedan vivir ese despertar sexual que vive el mundo. Y no es que yo me quiera dedicar a hablar de chichaera todo el tiempo. Esa no es mi meta. Digamos que simplemente soy víctima de las circunstancias. Ustedes me imagino que cada ves que me leen en la red pensarán “ese cabrón de Merdocrata debe de estar recibiendo una mamá de bicho de unas siamesas o algo así”  pero la verdad que no siempre chicho. También hago otras cosas, como masturbarme y jugar Pega 3. Soy un sujeto normal porque así es como se comporta un hombre de mi edad. ¿Qué edad tengo? Los suficientes para ponerte a capotear. Con eso lo digo todo. Porque el hablar mierda no es algo que debe de tener una edad límite o para poder empezar, usted simplemente habla mierda y punto.

¿Ustedes tienen hijos? Cosa hermosa, ¿verdad? Angelitos de Dios. ¿Ustedes han visto esa ternura en la cual sus hijos les cuenta a ustedes sus aventuras y proezas personales que han tenido cuando van a la escuela o cuando juegan con sus amiguitos? Ellos quieren que ustedes lo escuchen  y que sientan interés por él. Tu niño demuestra amor con versos. Tu lo que escuchas en tu mente es a un nene hablando mierda.

¿Ves? A eso me refiero. No es que no ames a tus hijos, es simplemente reconocer que ellos hablan mierda (y mucha). Pero aquí no estamos para juzgar a tus hijos y que los fleques por eso. Al contrario. Aquí estamos para que atesores ese excremento verbal que habla tus hijos y no solamente ellos sino el tuyo propio porque sí, amigo lector, usted también habla mierda. ¿Pero sabes lo que pasa? Que usted al contrario mío usted lo que quiere es cuidarse y taparse. “¡Uy no puedo decir la palabra culo en Facebook porque me pillan en el trabajo!” Esa pendejés que me hace defecarmeen tu progenitora hijo de puta. Te dije hijo de puta, no te enfades. Te digo hijo de puta para que entres en razón. Porque soy de los que piensa que un ser humano debe de sentirse siempre cómodo a la hora de hablar mierda. ¿Por qué? ¡Sencillo! Porque de esa forma expresas quién carajo tu eres.

Tu quizás eres un pendejo que te cuidas, ok. Pero quisiera que reflexionaras un momento y te detuvieras a pensar lo siguiente. ¿Qué tan seguro crees tu que la gente te toma en serio? ¿Eres uno de esos cabrones que se la pasa enfocado a las tareas de su trabajo y que va del trabajo a la casa y e la casa pal trabajo? ¿Eres de esos hombres que te dedicas a llevarte el trabajo a la casa mientras tu mujer te espera con un bicho de plástico de cabeza doble. Una cabeza en el culo y otra cabeza en la crica porque tu no la complaces, porque tu prioridad es complacer al cabrón del jefe tuyo que a su vez es el mismo jefe tuyo que de aquí a unos meses estará dándole sexo anal a tu mujer porque tu, de cabrón, no la atendías. ¿Ves? Es triste. Yo no quiero que a la mujer que yo amo otro cabrón le esbarate el intestino. ¡Me niego a eso! Es por esta razón que me dedico a escribir mierda.

¿Y para qué uno escribe mierda? Para que puedas desarrollar la Coprolectura. ¿Qué es la coprolectura, Merdo? Es el arte de leer mierda. Toda la mierda que escribo yo y que tu lees. Algunos se ríen. Yo no se por qué, porque yo solo escribo cosas serias. Porque yo soy un tipo serio y el hablar de culos, fluido vaginal y religión es cosa seria para mí. Pero es hablar mierda, aún así. Me gusta. Me exita. Me para el bicho saber que estoy hablando mierda y que sé que en alguna parte del mundo, o Cayey o Barceloneta, hay una hembra masturbándose pensando en mí y diciendo, “hey, ese Merdócrata me pone bellaquísima”. Y las ofertas para chichar no me faltan. Mi correo electrónico está repleto de invitaciones para chichar en moteles y hasta en casas ajenas. Putas de todas clases del mundo quieren chingar con el pana Merdócrata. Mujeres serias también y hasta hay maricones que me han mandado fotos y videos tan obscenos que dibujarían una sonrisa en la cara de David Carradine en la tumba.

¿Por qué leen mierda? porque se sienten identificado. Dime con quien anda y te diré quién eres. No lo hacen por curiosidad. Los que me leen son como la mosca. ¿Y qué hace la mosca? Se para en la mierda. ¿Por qué? Porque les atrae. Es la misma mierda mi gente. Si yo puedo hablar mierda ustedes pueden también. No sientan temor. ¡Pal carajo el qué dirán! Sean ustedes mismos a la hora de expresarse. Pero no es que sean así solamente en la red. No busquen una otra vida. Ustedes han visto mi rostro, mi porte y mi forma de pasarla cabrón en mi facebook y en mi Twitter y sabrán que soy un role-model a seguir. No necesito el anonimato porque estoy tan cabrón que la gente mama por ser como yo y eso que tengo el rostro hecho mierda. Pero las hembras se mojan al leerme. Ponen papel bounty en los asientos donde se sientan a leerme porque la lubricación es evidente. Porque soy yo mismo.

¿Tu quieres que las mujeres lubriquen cuando te lean y vean esos status tuyos por Facebook, Twitter, MySpace (R.I.P.), Tuenti, etc? Habla de qué tan puerco eres en tu casa. Habla de cómo es que quedaste dezmayado luego de cagar un brazo de nene y tomarle una foto; dile un Te Amo a la mujer que amas pegándole con tu pinga en el rostro y anúncialo. La gente te tomará cariño. ¿Sabes por qué? Porque eres sincero. Porque eres abierto contigo mismo.

Las agencias de gobierno te admirarán. Tu jefe te abrirá la puerta del carro cuando llegues al estacionamiento. Las mujeres te ofrecerán sus tampones como ofrenda.

Gánate ese pedasito de cielo. Habla y escribe mierda. Tus hijos se comerán esa mierda

Tus hijos te lo agradecerán.

Cabeceando, mami, cabeceando

Acabo de llegar de uno de los momentos más ricos que me han tocado vivir desde que me abortaron en ese baño to’ cagao’ de Canton Mall. Estoy en casa, sin camisa, con el pecho pelú y el bicho hecho trizas. No es para menos. Acabo de pasarla cabrón con mi “amiguita” bloguera. Tengo dolor en los muslos, las caderas me rechinan, el cuello mordido y unas ojeras como las del puto Beetlejuice. Así es el sexo que practico. El sexo del dolor. NO le meto un puño en los dientes a mi jebita pero le tengo que dar duro con la pinga porque ella es mi motivación. Ella es mi maquinita de placer. Lo digo, no tengo miedo. Esto es lo mejor que me a pasado en la vida en estos últimos meses donde me la pasaba pajeándome viendo fotos de un ex amor que se fue a perder; digo, eso y las fotos de las múltiples cabronas que puedo ligarme en Facebook y en la red.

Soy un hombre agradecido. Estoy reviviendo placeres aumentados a la octava potencia y ahora mismo no hay quien se meta conmigo. Soy todo un jodón y vivo una vida de ensueño. El ensueño del tener la mujer más comprensiva del mundo para socializar y la hembra más fogosa en la cama para poder chichar solo muestra una cosa: que el sexo es el secreto para rodo. ¡Imaginen un mundo en sexo! Imaginen las posibilidades que todos esos líderes de naciones pudieran chingarse uno a los otros sus gobiernos. Sus primeros ministros, sus cancilleres, cónsules, jefes de estado entregados a los placeres de la carne. Dignatarios palestinos e israelitas  dándose el uno con el otro por el culo resolviendo sus diferencias. Orgías candentes y exitantes de pueblos y naciones y ríos de leche y fluido vaginal corriendo por todas las calles y los campos arrasando con toda esa mala vibra que habita en nuestra jodida sociedad.

¿Por qué la gente no aprende a cabecear? Yo no puedo aprender a cabecear pues, tu sabes, soy hombre, pero disfruto el poner a cabecear a mi chica especial y toda la mierda que acabé de decir sobre las naciones y los ríos de leche y caldo de chocha me lo motiva su tremendo arte de usar esa boquita bella y esa lengua a la hora de hacer el amor. Cosa cabrona. El recibir un “fellatio” de esa mujer me abrió un mundo de pensamientos sucios, puercos y a su vez sucios. Soy un puerco de pensamiento. ¿Qué puedo hacer? Tengo mierda por cabeza, no puedes pedirme mucho, lector. Ahora bien, reconozco que no hay placer más delicioso que tener una buena hembra dándote una buena mamada. Pero hey, no cualquier mamada sino una mamada bien hecha.

Yo entiendo que el mamar es un arte que no toda mujer sabe hacer bien. Cualquiera de ellas se pueden meter una pinga en la boca pero eso no asegura que sea tremenda mamadora y a menos que seas una mellá y que mames usando tus encías (placer apocalíptico) tienes que recurrir a esa lengua aventurera. Sí, esa lengua aventurera que hace que hombres como yo, tu sabes, macho-machote con la tranca como brazo de nene se vengan como un mamao. Esa lengua que funciona en una batalla de David contra Goliat en donde el gigante (o sea el bicho mío) sucumba por ese disparo mortífero de éxtasis bucal.

El mundo debería de mamar bicho. De hecho, la vida debe de mamarme el bicho. Soy un hombre profesional, siempre ando de gabán, corbata, y me dedico a correr un país y llevarlo a la banca rota bonanza. Muchos me atacarían con el argumento de siempre de que “todos son corruptos” o alguna otro cliché pueblerino. Quizás soy el policía con un Cuarto Año de estudios con el poder de cuidar a un país y que ando amanecido lejos de mi casa, de mi familia e hijos y tengo acceso a una computadora para poderles escribirles mierda por aquí cuando me salga del bicho. Quizás soy ese maestro de escuela o profesor universitario que le deben dinero por meses luego de hacer un trabajo honesto e íntegro y que ahora bloguea agarrándose el bicho y diciéndole al mundo las realidades de la vida que no te enseña una escuela o universidad.

Soy la mierda que tu cagas, la que flocheas y consideras inservible por el mero hecho de que salió de tu culo. Déjame decirte que soy todo lo que te comiste. Solo que la mierda que comiste no ha pasado por tu boca. Esa mierda que me compone no es otro cosa que tus desechos de ideas, pensamientos absurdos que no te atreviste a decir porque te daba miedo sincerarte. Lo que evitaste decir para caer bien en el trabajo. Lo que evitaste decir para que tu pareja te correspondiera.

¡Tu me debes mamar el bicho! A mi me maman el bicho porque me gusta. Porque me excita. Porque me agrada. Porque soy un bellaco. Tu le mamas el bicho a la vida para ranquearte con el corillo. Porque quieres ser cool y radical. Porque pensaste que era  la manera más fácil de ser alguien importante en la vida. No seas pendej@. ¿Quiéres ranquearte en la vida? Comienza a mamar aquí. Yo almenos escribo toda la mierda que quiero, me importa un carajo el qué dirán, me ligo a las jebas en la internet, soy natural. Soy yo mismo. Tu sabes quién tu eres. ¿Piensas que esto es tiradera? Jajaja, no me hagas reir. Yo no soy un personaje LOL, soy lo que tu quieres esconder. Tu eres el personaje.

¿Yo soy Merdócrata? ¡Tu eres Merdócrata!

Yo me enrollo las mangas y destapo tu realidad. ¿Tu? Tu simplemente cagas.

Como diría Miguel De Cervantes, “Mamadme el bicho“.

Recordando un polvo cayeyano

Hace tiempo que no chicho. Creo que va … 2 semanas. Pero lo extraño. Chichar es un acto bello. yo siempre he pensado que el chichar es la máxima expresión de amor que hay entre una pareja. No el hincarse y pedirle ser tu esposa. Tampoco esa mierda de llevarle una serenata o una canastita de chocolates junto a un enorme peluche de Sad Sam. Esa mierda no es amor. Amor es venírtele en la cara a la mujer que amas. Porque la deseas, porque lo sientes deep inside your heart

Pedir ese culo, penetrar esa jaiba, que haga gárgaras de leche cremosa y que se porte como todo una puta en la cama es lo que pido. No es mucho. Digo, soy el eco de lo que desea todo hombre borincano. Doy fe de ello y me consta. Pero lamentablemente no todas las mujeres nos pueden complacer en lo que queramos. So que hay que ser conforme aunque eso nos duela en el fondo de nuestro corazón porque, honestamente, nosotros somos criaturas inconformes y en la cama demandamos y exigimos lo que por naturaleza y biología nos pertenece.

Hace como dos semanas se me dio la oportunidad de poder janguear con una amiguita que tengo del ambiente bloguero. Esta muchacha es especial porque se sale de todos los estándares que uno puede tener en lo que a una mujer que está dura se refiere. No hablo de que sea gorda ni esas mierdas. No, nonono… es algo así como que ella es su propio estilo. Es única. Está dura. Esa hembra no caga mi hermano. Está cabrona. Es una de esas mujeres que si me dice “vamos a casarnos Merdo” yo le digo “ponte este Nuva Ring en el dedo y dame el sí”, tu sabes. Te mantiene enchulado.

Mi relación con esa mujer es una bastante compleja. Es una especie de persona en la cual no la llamarías exactamente un Fuck Buddy porque los fuckbuddy solo chichan y ya, sino que, pues, es algo así como una excelente amiga… si, una excelente amiga que chicha contigo. ¡Y como chicha!

Esta compañera bloguera me tiene loco. Lo digo, es una sensación extraña. Es una mezcla de adrenalina con un poco de fluido vaginal pa’ que resbale. Y pues, mi relación resbala con ella. Fluye. Ella no siente amor por mí (ignoro por qué, porque yo no estoy bueno pero estoy tripioso), ella dice que no hay química como para plantearnos una relación de noviazgo aparte de que no cree ya en el amor. De seguro es que la vida la premió con alguna mierda de ser humano gracias a acciones en la juventud o alguna mierda así como nos pasa a todos nosotros. Pero no obstante es una mujer y afuego. De esas personas que puedes lograr una amistad por su vibra y ser una “one of the guys”.

Fui a Cayey para ir a verla. Me para el bicho ir a verla. Me encanta ver sus tatuajes que adornan su piel y su cabello… mmm… y sus cocos que le paran el bicho al bicho mío. Chacho, tu sabes, motivado, quemando gasolina pero me importa un bicho. Un pelo de crica hala más que una junta de bueyes y eso es lo que pasa conmigo. La espero, 30 minutos. Odio esperar. Coño men, es que me encojona tanto eso. Pero es ella, tu sabes, estoy tan bellaco que me importa ya un carajo la espera y hago excepción a la regla. Llega en su carro. Entra en el mío. La beso.

Sus besos son sabor a menta. Usa lipgloss creo, ah, y también huele bien. Un poco de nicotina en su ropa, pero huele a hembra puñeta. Ese es el olor que quiero. Nos vamos de paseo. Establezco conversación. Le hablé sobre qué tan jodido es el mundo y cómo escribí un blog sobre culo y cagar pa’ dentro por vez número 500. Me habla ella sobre cosas más importante por ejemplo que tiene ganas de arrancarme el radio con un destornillador porque tengo puesto WKAQ 580 y le da vergüenza ajena. Yo pensaba que a las mujeres les gustaba Notiuno y toda esa mierda cuando salen con sus galanes. Mea culpa.

Ella le gusta darse su traguito para ponerse en ambiente aunque tampoco es una bebedora de grandes ligas. Quería ella, digamos, que refrescar el gaznate y mientras ella me hablaba de cómo quería mojar su paladar con una Smirnoff yo solo pensaba en remojarle el paladar con mi Man Juice. Yo lo veía todo subliminal. Con ese doble sentido que me caracteriza. Nos estacionamos en una gasolinera. Ella compró sus Smirnoff, creo que unos cigarrillos también; yo, de 3 Heineken frías como mojón de foca y siempre pegado a las góndolas para esconder la erección que escondía. No podía hacer mucho. Si ponía las manos en el bolsillo pensarían que ando robando o que voy a asaltar a alguien. Pagué, fui al carro como pude. Soy tan cabrón que dejé las llaves en el counter. Me cagué en mi progenitora, tuve que mostrarle mi pinga bajo el pantalón a todos los tecatos de la gasolinera para poder recoger las cabronas llavez.

Ella me quiere llevar a jugar billar. ¿Billar? Jum, a ver que tal. No juego billar desde que me metí en problemas en una trifulca con cierto hijo de mil putas que puso de moda cobrar un dolar por partida. Pero igual, todo por la mujer que atesoro. Fuimos, y como eso es Cayey y es un pueblo olvidado de Dios, ustedes saben que hay que subir cuestas con cojones. Llegué  a la punta de una montaña. Ahí estaba el negocio pero acababa de cerrar porque hay una ley ahí de cerrar los negocios a las 6 PM o algo así. Es Cayey. Solo Yukiyú sabe. Pero ella sabiamente me dijo que me estacionara en un caminito de piedra en el cual nos bajamos del auto y nos bebimos nuestras cervezas mientras nos sincerábamos. Ella me habla de temas que si menciono por aquí revelaría su identidad. Yo argumentaba con ella aunque solo pensaba en ese pedazo de buen culo que escondía entre sus faldas. Luego de una peste a mierda y 0.05% de alcohol en las venas le dije que se montara en el carro. Yo quería chichar.

La chica no es pendeja. Sabe que ese era el destino de nosotros. Ella sabe que no estamos boyante en dinero y se preocupa por que no tengamos que conducir mucho para hechar un polvo que nos merecíamos el uno al otro. Yo deseaba que me tocara la pinga. Soló me rozó la mano porque iba a agarrar su celular. Que se joda. Es como si me tocara la pinga.

Ella me presenta un lugar el cual yo desconocía de su existencia. “La Montaña”, un motel fronterizo entre Cayey y Caguas que sería aposento sexual de su amigo inexistente. Yo estuve maravillado. No sabía que Cayey tenía moteles. Se que tenía gallinas, burros y gente pobre, pero jamás moteles. Tomé mi cámara y comencé a tomar fotos:

Fotos reales que a ella no le incomodó cuando le dije que en algún momento serán protagonista de un post que colocaría en una noche que tenga una bellaquera atrasada. Toda una mujer comprensiva. Sabe que soy un bellaco natural y me responde con naturalidad. Me enjuago la boca con agua de grifo y me doy una buena meada. No le gusta el sabor de la Heineken en su boca y no me gustaría mearla mientras chingo. Comienza el cortejo y el flirteo. Le pongo la mano en mi pinga por encima de mi pantalón. A mi me gusta besarla mientras le agarro sus cocos bravos jinchos y preciosos con mis manos. La tiro en la cama. La dejo semi desnuda. Ella le gusta así. Lo considera más sensual siempre mantener algo de ropa sea unas medias, o una faldita. Nos comemos a besos. Jugamos con nuestras lenguas. Ustedes sobándose las pingas y sobándose las chochas mientras yo les cuento como ella es que me pide que si por favor me puede “mamar el bicho” y “tratarla como una puta”.

Me siento como un Dios. Un Dios con bicho. Ella me vira como media y yo también. Ella me aruña. Ella escupe en mi bicho, me hace una buena paja; me aruña mientras me cabalga y juega a ser Doña Barbara y yo su caballo atropellado. Ella gime y yo también. Ella me dice “dame de ese bicho” y yo le digo “toma bicho cabrona”. Ella lo quiere en 20 uñas, yo se lo meto. Ella siente placer, yo siento un calambre cabrón en el pié.

Más revolcadas en la cama, olor a sangre, sudor, orgasmos, tota y pinga. Dormimos desnudos. 8 Horas luego ella va en su carro y yo en el mío. Separamos nuestros rumbos.

Ella chichó con un amigo. Yo chiche con el amor mío.

Soy un cabrón ingenuo y todos ustedes me maman el bicho.